Primer viaje sin padres: cómo preparar a vuestro hijo (y a vosotros)
El primer viaje sin padres es un examen doble: el de vuestro hijo o hija, que va a pasar varios días lejos de casa, y el vuestro, que vais a tener que confiar sin verle. Casi todos los chicos y chicas echan de menos algo de casa cuando están fuera, y es normal. Lo que marca la diferencia es cómo se prepara el viaje en las semanas previas y qué hacéis vosotros mientras dura. Esta guía está pensada para familias de alumnos de Primaria, ESO o Bachillerato que se van de viaje de fin de curso.
Lo esencial en un minuto
Por qué el primer viaje sin padres cuesta (y por qué es normal)
Echar de menos la casa no es un fallo de carácter ni una señal de que vuestro hijo no esté preparado. Según un informe clínico de la Academia Americana de Pediatría publicado en 2007 en la revista Pediatrics, casi todos los niños, adolescentes y adultos sienten algún grado de añoranza cuando están lejos de su entorno. En los estudios que la miden durante la estancia, la reconocen entre el 83 y el 95 % de los chicos y chicas.
Ahora bien, la mayoría la vive de forma leve. Alrededor de uno de cada cinco la siente de forma moderada o intensa, y solo entre el 6 y el 9 % llega a sufrirla con síntomas graves de ansiedad o depresión. El mismo informe identifica, además, qué la hace más probable, y casi todo se puede trabajar en casa:
Por eso el objetivo no es que no eche nada de menos, sino que sepa qué hacer cuando le pase. Y eso se aprende antes de salir.
Las semanas antes: que decida, que practique y que conozca el plan
Preparar el primer viaje sin padres empieza mucho antes de hacer la maleta. Las cuatro primeras ideas siguen las recomendaciones de ese informe para las separaciones planificadas, como un campamento o un viaje; la quinta es propia del viaje escolar.
Qué ropa lleva, cómo se reparte el dinero, con qué amigos le gustaría compartir habitación. Participar en las decisiones pequeñas aumenta la sensación de control, y eso protege frente a la añoranza. Si no quiere ir, escuchad sus razones antes de intentar convencerle; en qué puede hacer el centro cuando un alumno no quiere ir de viaje contamos cómo se aborda el miedo al primer viaje sin la familia. Y si sus razones tienen que ver con sus compañeros, habladlo con el colegio.
Si nunca ha dormido fuera, organizad antes una noche o un fin de semana en casa de unos abuelos, de unos tíos o de un amigo, a ser posible sin llamadas. A la vuelta, hablad de qué le ayudó cuando se acordaba de casa.
Mirad juntos el programa, el mapa de la ciudad y las fotos del alojamiento. Marcar en el calendario los días del viaje ayuda a verlo como lo que es: un periodo corto, con principio y final.
Es lógico que os cueste, pero compartidlo con otras familias y no con vuestro hijo. Delante de él, mostrad ilusión por el viaje y confianza en que sabrá arreglárselas.
Si su clase ha pactado un acuerdo de normas, leedlo juntos y preguntadle qué opina. Así llega al viaje sabiendo qué se espera de él, y vosotros sabéis qué puede pasar si alguien se las salta. En cómo se pactan las normas del viaje de fin de curso explicamos cómo se hace en clase.
«Si no te gusta, voy a buscarte». Parece tranquilizador, pero el informe de la Academia Americana de Pediatría lo desaconseja en las separaciones planificadas y de ocio: le dice que no confiáis en que pueda superarlo, le hace esperar que lo pasará mal y le deja una salida que le impide aprender a gestionarlo. Además, si llega la llamada, os obliga a elegir entre cumplir la promesa y romperla. Otra cosa es que haya un problema real, y eso siempre se habla con el profesorado.
La maleta, el dinero y los papeles: que los prepare él
Hacer la maleta es el primer ejercicio de autonomía del viaje. Si la hace él y vosotros la revisáis al final, sabrá dónde está cada cosa durante su primer viaje sin padres. Lo mismo vale para el dinero y los papeles.
Ropa según el tiempo del destino, calzado cómodo ya usado, el cargador del móvil y la medicación en el equipaje de mano. Marcad las prendas con su nombre. Y si quiere llevar algo de casa, como una foto, que lo lleve: mirarla es una forma sana de sentirse cerca.
Calculadlo juntos: sumad las comidas que no estén incluidas, algo para caprichos y recuerdos y un margen para imprevistos. Preguntad al centro si la clase ha acordado una cantidad orientativa. Después, repartidlo entre efectivo y una tarjeta con límite, nunca todo en la misma cartera.
El DNI sirve para la Unión Europea, el Espacio Económico Europeo y Suiza; fuera de ahí hace falta pasaporte. Para la sanidad pública europea, su propia Tarjeta Sanitaria Europea, que tarda unos cinco días en llegar por correo. El centro os dirá qué más pide.
Los menores españoles residentes en España que viajan al extranjero sin sus padres necesitan, además del DNI o el pasaporte, una declaración de permiso de viaje. La regula la Instrucción 10/2019 de la Secretaría de Estado de Seguridad y funciona así:
- →La firma uno de los padres en una comisaría de la Policía Nacional o un puesto de la Guardia Civil, con el consentimiento de ambos. En Cataluña también la tramitan los Mossos d'Esquadra.
- →Vale 90 días desde que se expide, así que hay que pedirla dentro de los 90 días anteriores a la salida.
- →No se enseña en la aerolínea, sino en los controles fronterizos. En el apartado de acompañantes se puede indicar el colegio, con su NIF.
- →Si vuestro hijo no tiene nacionalidad española, consultad en su consulado qué documentación necesita.
Para calcular bien el dinero de bolsillo conviene saber qué entra en el precio y qué no. En qué incluye un viaje escolar y qué suele ir aparte tenéis la lista de lo habitual, incluidas las comidas que suelen quedar fuera del precio.
Salud y medicación: lo que el profesorado necesita saber
La ficha de salud es vuestra voz cuando no estáis. El profesorado solo puede atender bien lo que conoce, así que antes del primer viaje sin padres merece la pena rellenarla con calma y con sinceridad, también en lo que da un poco de apuro contar.
Durante el viaje: llamadas, silencios y qué hacer si llama llorando
Mientras dura el primer viaje sin padres, la tentación es llamar a todas horas. Sin embargo, el informe de la Academia Americana de Pediatría recoge indicios de que, en estancias cortas, las llamadas frecuentes pueden aumentar la añoranza en lugar de calmarla, y desaconseja insistir en hablar con un hijo que lo está pasando mal. Por eso os proponemos un momento breve y pactado, por ejemplo después de la cena, y confianza el resto del día.
Que no os escriba no es mala señal: casi siempre significa que está entretenido. Las noticias del grupo llegarán por el canal que haya acordado el centro, y el móvil se usará según las normas que haya pactado la clase.
- Escuchad sin dramatizar. Dejad que lo cuente todo antes de dar consejos.
- Decidle que es normal. A casi todo el mundo le pasa, y suele ir a menos cuando está ocupado con sus amigos.
- Recordadle qué puede hacer. Buscar a sus amigos, hacer algo divertido con el grupo, hablar con un profesor o pensar en los días que quedan, que son pocos.
- No prometáis ir a buscarle. Terminad la llamada con una cita: «Mañana a la misma hora me cuentas cómo ha ido».
- Avisad al profesorado con discreción. Así podrá estar pendiente sin que vuestro hijo se sienta señalado.
Si os cuenta que alguien le trata mal, que no se siente seguro, que ha pasado algo con alcohol u otras sustancias o que se encuentra mal, hablad con el profesorado que acompaña en ese mismo momento. Y si la añoranza no cede, deja de comer o no consigue dormir, tampoco esperéis: hablad con el profesorado ese mismo día. Si hay que tomar una decisión, como que vuelva antes, es vuestra, con calma y con la información que os dé el profesorado.
Preguntas frecuentes de las familias
¿Cuánto dinero de bolsillo debe llevar a un viaje de fin de curso?
Calculadlo juntos: sumad las comidas que no estén incluidas, algo para caprichos y recuerdos y un margen para imprevistos. Preguntad al centro qué entra en el precio y si la clase ha pactado una cantidad orientativa, y repartidlo entre efectivo y una tarjeta con límite.
¿Es bueno llamarle todos los días?
No hace falta. Un informe de la Academia Americana de Pediatría recoge indicios de que, en estancias cortas, las llamadas frecuentes pueden aumentar la añoranza. Basta con una llamada breve al día como mucho, a una hora pactada, y confiar en las noticias del profesorado.
¿Qué hacemos si nos llama llorando porque echa de menos casa?
Escuchadle con calma, decidle que es normal y animadle a hacer algo con sus amigos o a hablar con un profesor. No le prometáis ir a buscarle y avisad al profesorado con discreción. Si os cuenta algo que no es añoranza, hablad con el profesorado en ese momento.
¿Qué hacemos cuando vuelva del viaje?
Dejad que descanse y que cuente el viaje a su ritmo, sin interrogatorios. Preguntad qué fue lo mejor y qué le costó más. Y si comparte fotos, recordadle que las de sus compañeros no se publican sin su permiso, que con menos de 14 años es el de sus familias.
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