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Viaje Fin de Curso a Cuenca

Tour de leyendas nocturnas por Cuenca

Tour de leyendas nocturnas por Cuenca

Una ciudad pequeña pero acogedora e impresionante, ¡esta es Cuenca! Siempre defendemos que no es necesario abandonar el territorio español para realizar un viaje de fin de curso espectacular, pero es que tampoco es necesario irnos a grandes ciudades como Madrid o Barcelona para pasarlo bien. Por eso, en el artículo de hoy os desvelamos uno de los planes más divertidos que podréis encontrar en vuestro viaje de estudios a Cuenca, en Castilla-La Mancha. Esta preciosa esconde un sinfín de historias tenebrosas entre sus calles, las cuales te planteamos descubrir en este artículo. Tomad nota, preparad vuestras mochilas para salir a recorrer cuando comienza a caer el sol la ciudad de Cuenca. ¡Allá vamos!

La Casa de la Sirena

Esta leyenda es, posiblemente, una de las más bonitas (aunque trágicas) de Cuenca, porque incluye realeza, amor y desamor. Todo cuenta que Enrique de Trastámara, hermanastro del que por aquel entonces era Rey de Castilla, se trasladó a Cuenca para agradecer el apoyo que recibió por parte del pueblo tras el enfrentamiento que este estaba teniendo con su hermano. En Cuenca cayó enamorado de Catalina, una joven preciosa oriunda de la zona. Enrique no paró hasta conquistarla e, incluso, dejarla embarazada. Ambos vivían juntos hasta que Enrique de Trastámara tuvo que salir de la ciudad para luchar contra su hermano, al cual mató, convirtiéndose, por lo tanto, en el nuevo Rey de Castilla. Con una nueva vida, se casó con Juana y tuvo un hijo llamado Juan, olvidando así a Catalina y su hijo Enrique. Una noche, el nuevo rey, preocupado por su futuro como monarca, visita vestido de labrador a un hechicero, que le recuerda que tiene un hijo bastardo llamado Enrique y que este, tal y como hizo él con su hermano Pedro, mataría a su hijo Juan, el legítimo. Enrique de Trastámara envía a sus soldados a matar a su hijo bastardo, haciendo enloquecer a Catalina, a la cual le arrebatan de sus brazos a su pequeño hijo. La leyenda cuenta que ella vagaba por la ciudad de Cuenca gritando el nombre de su hijo Enrique (parecían gritos de sirena), hasta que un día, creyendo oírlo llorar, se lanzó por un balcón cayendo la río Huécar.

La Cruz del Diablo

Esta es una de las leyendas más sonadas en todo Cuenca, y para contarla bien debéis acudir a la Bajada de las Angustias. Cuenta la leyenda que un joven muy apuesto de Cuenca embelesaba a todas las doncellas de la ciudad, haciendo que se enamoraran de él y luego abandonándolas. Un buen día llegó una desconocida a la ciudad para asentarse en ella: se llamaba Diana. Era, con total seguridad, la joven más bella que había habitado en Cuenca y, por supuesto, el joven donjuán quería conquistarla. Ella lo rechazaba por activa y por pasiva, lo cual enloquecía aún más si cabe al joven. Un día, Diana accedió a encontrarse con el joven, pero bajo sus condiciones. Lo citó a las 12 de la noche del Día de los Difuntos en la ermita de las Angustias, donde se encontraron, y él, creyendo que iba a estar con ella toda la noche, comenzó a quitarle el vestido. No obstante, para su sorpresa, en una noche tormentosa, la joven se convirtió en el demonio, y él, salió corriendo a abrazarse a la cruz que presidía la ermita. Cuando logró abrazarse a ella, el demonio lo alcanzó y le lanzó un zarpazo, quedando su huella marcada en la cruz.

La Fuente del Abanico en el Paseo del Huécar

En esta preciosa zona tiene lugar una leyenda que, afortunadamente, no tuvo final trágico, sino que se queda en poco más que una anécdota. Se contaba que un fiel jugador del casino de Cuenca, hace mucho tiempo atrás, dejaba sola a su mujer todas las noches y, esta, cansada de estar sin compañía, acabó enamorándose de otro hombre. Se encontraba con él cuando su marido se ausentaba al lado de un fuente, hasta que un día, su marido, que sospechaba de ella, mandó a un amigo a espiarla. Y la encontró allí, por lo que avisó a su marido. Este, acudió raudo y veloz a comprobar que aquello era cierto, pero solo encontró un abanico en el fondo de la fuente, que se le había caído a su mujer. Cuando el marido llego a casa y le preguntó si era ese su abanico, la esposa, ya prevenida, mandó a un amiga a su casa para que fingiera que el abanico era suyo y que lo había olvidado, haciendo dudar al esposo. Desde entonces, en la fuente hay labrado un abanico.

¿Con cuál de estas tres historias os quedáis? ¿Hay alguna que os atreváis a contar en vuestro viaje de fin de curso a Cuenca?

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